“Llename el tanque, pero de whisky”

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El whisky podría servir de combustible para autos

Científicos de la universidad escocesa de Napier, en Edimburgo, desarrollaron un nuevo biocombustible para autos a base de refinar lo que se desecha en el proceso de fabricación del whisky. Según esta investigación, el biobutanol, genera un 30% más de potencia que el etanol y utiliza dos productos derivados de la producción de esta tradicional bebida. Lo más interesante es que a diferencia de lo que ocurre con el etanol, no hay que modificar los motores para que funcionen a biobutanol en lugar de a nafta.

Los científicos, que ya solicitaron una patente y quieren crear una compañía para comercializar su descubrimiento, dicen haberse inspirado en un proceso desarrollado un siglo atrás por el químico Chaim Weizmann, quien se refugió en Manchester y tiempo después llegó a ser el primer presidente de Israel. Weizmann estudió la fermentación del butanol como parte de un programa de producción de goma sintética, y el proceso se utilizó más tarde para la fabricación de explosivos.

“Algunas empresas energéticas están cultivando cosechas para generar biocombustibles, pero nosotros investigamos los materiales de desecho del whisky para desarrollarlos”, dijo Martin Tangney, director del centro de investigaciones sobre biocombustibles de la Universidad de Napier. “Es una opción más compatible con la defensa del medio ambiente y que aprovecha una de las mayores industrias escocesas”, agregó.

El proyecto de desarrollo de ese combustible fue financiado por Scottish Enterprise, organismo de apoyo al empresariado que cuenta con la ayuda del Gobierno escocés.

Prueba superada
Mientras esta noticia da la vuelta al mundo, dos años atrás la foto que ilustra este post fue parte de la edición del diario The Scottish Sun. En la misma se lo ve a Donnie MacKinnon, llenando el tanque de su Rolls-Royce 6 litros de 1978 con una botella de Lagavulin Scotch. Este whisky es el que se produce donde vive MacKinnon, en Islay, la isla más austral de Escocia. “Se nos conoce como la isla de whisky porque hay siete destilerías trabajando. Si nuestra idea se puede refinar correctamente, podría tener todos los autos funcionando con ella”, decía por entonces.

El autor de la nota escribió con asombro cómo en un primer momento el Rolls-Royce escupió humo por su escape y luego empezó a funcionar perfectamente. “Tengo un Armstrong Siddeley de 1936 en mi garaje y voy a hacer una prueba; el whisky añejo parece funcionar mejor en autos más viejos”, señaló el isleño.

“Estamos experimentando en este momento. Está lejos de perfeccionarse, pero estamos trabajando en ello”, advertía en 2008. Hoy, dos años después, la ciencia parece darle la razón a su experimento casero.

Sobre el Autor

Amante de los autos desde chico y periodista desde los 20 años, conjugué pasión con oficio y en 2006 le di forma a este blog. Para saber más sobre mí hacé clic en la casita ->

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