El Tango Rally Team finalizó la construcción del Chevrolet Agile de Maxi Rally que estará compitiendo este fin de semana en la demorada primera fecha del Rally Argentino, el Rally de Areco, Capitán Sarmiento y Baradero. Allí, Marcos Ligato, propietario del equipo, junto a Luciano Bernardi, serán los pilotos encargados de conducir los vehículos que cuentan con el apoyo de Chevrolet Argentina.
El Agile fue diseñado, construido y desarrollado bajo la directa supervisación del Ingeniero Oliver Maroselli en la sede del Tango en Río Ceballos, Córdoba, y los pilotos ya lo testearon en su circuito privado.
Al igual que el resto de los autos de esta flamante categoría, el Agile Maxi Rally está equipado con un motor de origen japonés denominado Rally Argentino de 2.4 litros desarrollado por Oreste Berta S.A., acoplado a una transmisión secuencial de seis marchas y cuenta con tracción integral.
El proceso de construcción del Agile del Tango Rally Team
El equipo Tango Rally Team anunció este martes que contará con el apoyo de Chevrolet para que el modelo Agile se convierta en poco tiempo más en el representante de la marca en la nueva categoría Maxi Rally del Rally Argentino. Para ello se confirmó el aporte de dos unidades Chevrolet Agile a la sede del equipo cordobés merced a la gestión Jorge Máiquez, Director General del Equipo Chevrolet de TC2000 y Promotions, Regional Mkt. & Racing Manager de General Motors Argentina. Por su parte Marcos Ligato, responsable del Tango Rally Team, será el primer piloto Chevrolet de la categoría.
“Estamos muy entusiasmados con el ingreso del Chevrolet Agile al Rally Argentino, observamos que la categoría desarrolló un nuevo proyecto donde estarán todas las marcas nacionales y eso será muy importante para hacer conocer nuestro producto en las rutas del país. Las marcas nacionales volverán nuevamente a tener un papel protagónico como años atrás y eso será muy bien recibido por el público”, declaró Máiquez.
Por su parte Ligato señaló que “hoy es un día muy importante para el Grupo Tango, al poner primera con este proyecto con los Chevrolet Agile para la Maxi Rally. En lo personal, me siento orgulloso de poder ser el primer piloto en correr con Chevrolet en el Rally Argentino en las rutas del país con todo lo que significa la marca para la pasión del automovilismo no solo aquí, sino a nivel sudamericano también”.
El Chevrolet Agile se suma así al Volkswagen Gol Trend, el cual fue el primer vehículo de esta nueva divisional (inspirada en el S2000) en ser desarrollado. Se espera con ansias la incursión de Fiat con el Punto así como la de Ford con el nuevo Fiesta Kinetic Design.
Preventivamente, Chevrolet Argentina informó este fin de semana que llama a revisión algunas unidades del Chevrolet Agile producidas en 2009 y 2010 para “la sustitución de la manguera de alimentación de combustible del motor”.
Mediante una solicitada publicada en los principales medios la automotriz señala que “se ha constatado una potencial disconformidad en el recubrimiento interno de la misma, que puede ocasionar un incendio en el compartimento del motor, si bien hasta el momento -aclara- no se ha reportado ninguno”.
Desde ya que es un procedimiento gratuito y muy simple que no demanda dejar la unidad en el taller sino que se puede resolver en pocos minutos solicitando con antelación una cita con el concesionario. Para mayor información quienes tengan un Agile cuyo número de chasis esté comprendido entre los abajo expresados pueden comunicarse al 0-800-888-24389.
General Motors Argentina anunció este viernes que aumentará la capacidad de producción del Chevrolet Agile en un 20% su Complejo Automotor de Rosario, lo que permitirá abastecer tanto la demanda local como la de exportación.
Esta nueva inversión generará 200 nuevos puestos de trabajo que se suman a los 3.100 empleos que ofrece la terminal automotriz en el país. Para la contratación y capacitación del nuevo personal, se dictaron cerca de 180 hs. de capacitación por empleado (36.000 horas totales) y se contó con la colaboración y activa participación de SMATA.
Esta nueva inversión se suma a la previamente anunciada a principios de este año y que sumada arroja casi $100 millones. Además, desde el inicio de producción del nuevo Chevrolet Agile se han generado más de 1.000 nuevos puestos directos de trabajo en la Argentina.
“En General Motors tenemos la visión de diseñar, fabricar y vender los mejores autos del mundo y por ello en Argentina estamos acompañando el crecimiento del mercado para asegurar la producción de los vehículos que nuestros clientes demandan”, aseguró Sergio Rocha, presidente y director ejecutivo de GM Argentina, Uruguay y Paraguay.
Actualmente GM Argentina lidera la producción de vehículos con 67.600 unidades que equivalen al 18.5% de la producción nacional de vehículos local, la cual asciende a 364.182 en lo que va de 2010.
General Motors de Argentina anunció este martes que ha decidido anticipar el pago del 50% del crédito otorgado por el Gobierno Argentino en junio de 2009. Para ello, el Presidente y Director Ejecutivo de GM Argentina, Uruguay y Paraguay, Sergio Rocha se reunió por la tarde con la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández en donde le informó la determinación de anticipar el pago de $129.5 millones (unos u$s 33.2 millones) con recursos propios, gracias al éxito de ventas del Chevrolet Agile en el país y en los mercados de exportación.
Este monto forma parte de los $259 millones (u$s 66.4 millones) del préstamo que permitió financiar parte de la inversión de más de $500 millones (unos u$s 128,2 millones) para la nueva línea de producción del Chevrolet Agile en el Complejo Automotor de GM en Alvear, Santa Fe.
“General Motors tiene la visión de diseñar, fabricar y vender los mejores vehículos del mundo y en este sentido agradecemos el respaldo del gobierno argentino, ya que nos permitió reforzar un proyecto de inversión para fabricar un vehículo revolucionario en su segmento y que además generó importantes fuentes de empleo en el país”, comentó Rocha.
El ejecutivo informó que el crédito otorgado a través del ANSES no sólo permitió mantener el cronograma de implementación para la fabricación del Agile sino que además contribuyó a generar 875 nuevos puestos de trabajo, incrementar las compras locales anuales en $180 millones (u$s 46,1 millones) y ampliar las instalaciones de la mencionada planta.
A la fecha, GM Argentina lleva producidos más de 56 mil unidades del modelo Chevrolet Agile y las exportaciones de la empresa han crecido el 58% este año respecto a los primeros 5 meses de 2009.
El pasado lunes 3 de mayo salió del Complejo Automotor que General Motors tiene en General Alvear, provincia de Santa Fe, la unidad número 50.000 del Chevrolet Agile. Se trató, en este caso, de un LTZ de color Plata Polaris. El Agile es producido exclusivamente en nuestro país en tres versiones de equipamiento, LS, LT y LTZ siempre con motor de 1.4 litros de 92 cv.
En lo que va del año ya se comercializaron localmente unas 4.500 unidades de este modelo -que en su mayoría se exporta a Brasil- conviertiéndose en el segundo vehículo más vendido de la marca en el país, detrás del Classic y apenas por delante del Aveo. Durante abril, por ejemplo, se patentaron 900 unidades.
Tal como estaba previsto, este año -más precisamente en el segundo semestre- GM tiene previsto develar el segundo producto derivado de la familia Agile (ex Viva), el cual es una small pick-up. Si bien un vehículo de estas características suele generar menos atracción que uno carrocería de otro tipo, las camionetas compactas ganan cada vez más adeptos por su versatilidad, y ya no sólo son usadas para trabajar sino también para el esparcimiento. Esta tendencia llegó desde Brasil, se extendió al Uruguay y había dejado de tener importancia -al menos para Chevolet Argentina- con la salida de la comercialización de Montana, la small pick-up derivada del Corsa.
Sin embargo, el afianzamiento de la Fiat Strada, el buen rediseño logrado con la Volkswagen Saveiro y ahora el inminente arribo de la Peugeot Hoggar casi que obligan a GM a brindar una alternativa a la Montana introduciendo un producto moderno que reemplace a aquél.
Es por eso que los colegas brasileños ya comenzaron con sus averiguaciones y se animaron a publicar sus especualaciones, las cuales creen que están muy cerca de cómo se verá el producto final. Así pues, João Kleber Amaral y Marlos Ney Vidal le dieron vida a las imágenes que ilustran este post, para las cuales se basaron en las fotos de las “mulas” que consiguieron fotografiar y en diálogos que mantuvieron con gente de GM do Brasil que vio el modelo terminado.
Según indica Vidal, la pick-up Agile llegará en septiembre y se fabricará en la planta que GM tiene en São Caetano do Sul en tres versiones: una normal, una aventurera y otra más deportiva. Todas con el motor de 1.4 litros, en el caso de Brasil el EconoFlex.
Según sus palabras “para diferenciarse del hatchback, la pick-up tendrá algunos cambios en su frente. Comenzando por el paragolpes que será diferente” y “con una mayor entrada de aire para regrigerar el radiador”.
En el techo “tendrá un sobresaliente en el centro de comienzo a fin, simulando una entrada de aire” y “tendrá una barra en el techo como la pick-up Peugeot Hoggar”.
Otros detalles tienen que ver con que este modelo “no tendrá cabina extendida” y que en el lateral mentendrá el escalón embutido “step side” que incorpora la Montana, pero de mayor tamaño y corrido más hacia atrás.
Habrá que esperar unos meses más para ver cuán cerca están Marlos y João del producto final y cómo le cae a la gente.
La travesía de Cosas de Autos a bordo del Chevrolet Agile duró dos semanas, pasó por cuatro provincias y completó nada menos que 4.470 km. Un contacto más que interesante como para sacar conclusiones, aunque ustedes ya hayan tenido un adelanto a lo largo de cada uno de los nueve post anteriores. De cualquier manera nada mejor que hacer un repaso y tener en una sola entrega todo el material, como es costumbre en el blog, para que le sirva a quien esté por comprar un 0 Km. y quiera saber un poco más.
En este caso el post va sin fotos (como les dije, están en cada uno de los post anteriores) y decidí reemplazarlas por un clip que repasa los paisajes recorridos y algo de buena música.
Unidad testeada: Chevrolet Agile LTZ. Unidad recibida con 5.800 km. Precio: $62.850.-
A favor
El equipamiento de confort de esta versión es muy bueno e incluye detalles que, incluso, no están presentes en vehículos de segmentos superiores como las cuatro alzacristales con one touch, express down en las delanteras, traba para las traseras y luz en las teclas. También se destaca por contar con el sistema aliviador de presión, lo que prolonga la vida útil de burletes y puertas (comprobado que el polvo no ingresa al habitáculo).
Un detalle de lujo: el control de velocidad crucero, algo que uno se acostumbra a usar y mucho en viajes largos.
Tiene encendido de luces automático (mediante sensor crepuscular) y los sistemas que permiten encontrarlo fácilmente mediante el accionamiento del control remoto y que dejan las luces encendidas unos segundos al descender, para iluminar el camino.
Cuenta con computadora de abordo multifunción de accionamiento desde el volante, algo muy conveniente.
El equipo de sonido -si bien no está integrado a la consola- es muy completo (tiene cd, mp3, wma, entrada auxiliar y puerto USB) y de buen sonido, completado con 4 parlantes y 2 tweeters.
Los tapizados son muy agradables tanto visualmente como al tacto; los asientos son cómodos y como la butaca del conductor tiene regulación en altura (al igual que la columna de dirección, no así en profundidad) se hace sencillo encontrar una buena posición de manejo.
El aire acondicionado tiene un correcto accionar, tiene controlos muy sencillos (con el display digital similar al de un climatizador) y es silencioso.
Buena la ubicación de los distintos elementos en la consola central (baliza, equipo de sonido y aire) así como la disposición de los relojes en el panel de instrumentos que tiene una lectura inmejorable (sobre todo de noche). A nivel diseño es discutible, va en gusto, pero funcionalmente cumple.
También el nivel de insonorización es bueno: en ruta el motor recién se empieza a escuchar a partir de las 3.500 rpm.
EL nivel de seguridad es más que bueno por tratarse de un auto de gama media: tiene frenos con ABS, doble airbag, trabas de puerta con sensor de velocidad (20 km/h) y faros antiniebla delanteros y traseros.
El consumo total del viaje (4.470 km.) fue -según la computadora- de 378 litros. Saquen cuentas y el promedio de consumo estuvo en el orden de los 8,4 l/100 km. Podría ser inferior pero es un promedio en uso mixto; en ruta a 120 km/h bajó a 8,1 l/100 km.
El conjunto llanta de aleación-neumático Pirelli P7 es una muy buena elección; no hubo muestras de desgaste excesivo ni de cortes a pesar del intenso uso en todo tipo de suelo.
El diseño es bueno, tiene un frente quizás exagerado y una parte posterior más equilibrada pero llama la atención. Su altura lo hace ver como más grande de lo que es y su despeje le permite sortear sin problemas todo tipo de bache, bado o cuneta (jamás tocó en todo el viaje).
La capacidad del baúl muy buena para ser un hacthback, con piso plano y buena boca.
Cuenta con dos años de garantía sin límite de kilometraje cuando hay productos que sólo ofrecen uno.
En contra
El baúl no se puede abrir desde el interior o el control remoto; tampoco sin la llave, algo incomprensible y fácilmente remediable.
La tapa del depósito de combustible se puede abrir desde el interior pero muchas veces quedó abierta (no sabemos si por un defecto en esta unidad o porque es mala la cerradura).
No hay más que un testigo que se apaga poco después de poner el contacto que recuerde que se deben colocar los cinturones de seguridad; esto podría traerle un dolor de cabeza a la marca si alguien olvida colocárselo y se activa el airbag.
Otro testigo en el tablero indica que hay una puerta abierta (o el baúl) pero no especifica de cuál se trata.
Los espejos se pliegan de manera manual y parcial, no totalmente.
Los paneles de puerta combinan plástico con tela simil pana con aristas muy rectas que dejan ver terminaciones mejorables y (junto con el pomo de la palanca de cambios) desmerecen -en mi opinión- el diseño interior.
Los apoyacabezas sólo se ajustan en altura, no de manera basculante.
Detalles que cuentan: no tiene luz el espejo de cortesía (sí el baúl y la guantera) y no se regulan los faros en altura.
Los portaobjetos no están recubiertos en felpa o goma, por ende monedas y llaves rebotan y hacen ruido.
Lo mismo ocurre con el compartimento para guardar el gps, el cual no tiene ninguna protección interior; además, lo ideal hubiese sido ubicar allí un toma de 12v para no tener que llevar el cable colgando hasta el toma inferior de la consola.
El descanso para el pie izquierdo no tiene una inclinación correcta.
El motor rinde pero le calza justo al Agile y no estaría mal ofrecer versiones más potentes y alguna diesel. Al respecto de este tema, aprovecho para publicar la palabra de Jaime Ardila, presidente de GM Mercosur, quien hace unos meses nos decía: -”Diesel vamos a tener, no recuerdo exactamente la fecha pero vamos a tener”.
-”No esá prevista una motorización naftera más potente que la actual pero yo lo consideraría si el mercado lo demanda. Lo que quiero es esperar un poco para ver cómo reacciona la gente para saber si quiere un motor más alto o más bajo o si está satisfecho con el 1.4″
-”Nosotros tenemos un motor diesel (aspirado) que nos quedó de nuestro acuerdo con Fiat que es el 1.3 que se produce en Europa, si mal no recuerdo en Polonia, así que tenemos esa alternativa”.
Conclusiones
El Chevrolet Agile es un auto pensado para la ciudad, para moverse de manera ágil y económica, con un motor confiable y probado como es el remozado 1.4 al que se le sacaron 92 cv. Este contacto prueba además que (dentro de sus limitaciones) permite ir un poco más allá (bastante en este caso puntual) y salir de vacaciones con la familia sin preocupaciones.
Tiene un andar confortable, buena habitabilidad, un baúl interesante, un nivel de confort y seguridad que por momentos sorprende y un precio competitivo. Sin dudas es el reemplazante natural del Corsa (no del Corsa Classic) y un serio rival para otros productos similares. Su diseño puede gustar o no, pero es original y de fabricación nacional, algo que también es valorado a la hora de la posventa.
Personalmente quedé conforme con la prueba ya que no existe la posibilidad de hacer un viaje de esta envergadura todo el tiempo en la que el auto estuvo expuesto a todo menos a la nieve (y faltó poco): calor, frío, niebla, lluvia, tierra, ripio, asfalto, cargado y sin carga, en ruta y en ciudad.
Al taller
Como el Agile probado sumó sus primeros 10 mil km. tras la travesía, entró directo al service de los 10 mil km., denominado Chevrolet 10k. La unidad fue llevada a las instalaciones de Car One donde se le cambiaron los filtros, el aceite, se constató que no habían bajado los niveles de líquidos y el resultado de los restantes ítems revisados fue satisfactorio. Tranquila la gente de GM y tranquilo yo.
Penúltima entrega de la travesía patagónica de Cosas de Autos abordo del Chevrolet Agile. Nos habíamos quedado en San Martín de los Andes y alrededores, recorriendo diariamente más de 100 km. sobre ripio y asfalto, con el aire acondicionado siempre encendido y las ventanillas arriba. Tras seis jornadas viviendo en el Cerro Chapelco llegó la hora de volver a cargar todo y bajar la ladera por última vez rumbo al sur, hacia la ciudad de San Carlos de Bariloche. El camino elegido es la famosa ruta de los Siete Lagos, denominación que adopta porque bordea las márgenes de los lagos: Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Espejo, Correntoso y Nahuel Huapi.
Son 189 km. (51 de ellos de ripio) por las rutas 234, 231 y 237 los que separan ambas ciudades y los que hizo el Agile sin problemas. La parte de ripio podría decirse que fue mejor que la de la etapa anterior (Pehuenia-San Martín) y peor que la primera (la de la llegada a Pehuenia). El camino está comenzando a ser preparado para un asfalto que nunca llega y tiene piedra de diferentes tamaños y hay parte de “serrucho” en subida que obliga a andar muy despacio en primera velocidad.
Antes de llegar a destino nos permitimos hacer un alto en el Lago Espejo para tomar mate y descansar en un lugar único pero que -lamentablemente- encontramos muy sucio y con mucha gente. Antes de la caída del sol cruzamos Villa La Angostura y poco después nos dio la bienvenida el imponente Nahuel Huapi.
Una vez que cruzamos el centro de Bariloche nos dirigimos más hacia el sur para encontrar el camino que nos llevara al Cerro Catedral, ya que nuestro departamento estaba en plena Villa Catedral. Los 8 km. desde la ruta hasta la Villa Catedral están en perfecto estado, algo mal señalizados en las curvas, pero la traza es más ancha y “divertida” que la del Chapelco, obligando a poner en algún caso segunda velocidad para poder trepar. El termómetro externo de la computadora del Agile dio cuenta en cada subida del descenso de temperatura que en la penúltima noche llegó a marcar ¡apenas 4 grados! Sí, cuando parecía que sólo sería probado en jornadas calurosas, se bancó una jornada bien fría y lluviosa; sólo le quedó experimentar la nieve (y por poco no la tuvo).
Circuito Chico, Llao Llao, Cerro Campanario (genial vista), Colonia Suiza y el Catedral formaron parte de nuestros paseos durante nuestra estadía en Bariloche antes de emprender el retorno a Buenos Aires, previa escala nuevamente en Cipolletti.
“¿Qué tal el motorcito?”
Esta pregunta fue una de las más recurrentes a lo largo del viaje. La gente expresó sus dudas sobre el rendimiento y la performance del 1.4 litros de 92 cv del Chevrolet Agile el cual, a priori, señaló como “chico para semejante auto”. Habiendo tenido la posibilidad de testear meses antes el mismo motor en el Chevrolet Corsa Classic puedo decir que a aquel le sobra y al Agile, le cae justo. Claro que uno siempre quiere más, si pudiera pedir pediría -sin ir más lejos- un 16v como el del Aveo, por qué no.
De todos modos, el Agile es un auto compacto pensado para la ciudad (y el Mercosur), priorizando no la potencia sino la agilidad y economía. Sin embargo donde mejor se desempeña no es “abajo” sino “arriba”, cuando ya venció la inercia; es ahí donde responde con suficiencia y sorprende, ya que en los tramos de ruta -por ejemplo- en ningún momento obligó a desconectar el aire acondicionado para un sobrepaso sino que bastó con un rebaje.
Es un motor comprimido, al cual mediante una nueva gestión electrónica se le sacó más potencia y que ronda las 4.000 rpm a la velocidad máxima 130 km/h. A 120 km/h, como les conté en la primera entrega de estos envíos, viaja mucho más relajado, a 500 rpm menos y así lo agradece en el consumo.
¿La insonorización? Es buena y recién se lo empieza a percibir a partir de las 3.500 rpm y a “sufrir” arriba de las 4.000 rpm. Por su parte la velocidad final declarada en fábrica es de 160 km/h y algo de eso hay.
La caja es suave y si bien podría contar con alguna relación más corta, privilegia un andar descansado. Cuesta al principio acostumbrarse al botón-gatillo de la marcha atrás (en reemplazo del anillo) pero es sólo cuestión de tiempo.
Sabiéndolo llevar, el motor del Agile puede dar grandes satisfacciones, sobre todo al bolsillo (más cuando en el sur, donde ¡la nafta sin plomo cuesta $4.2 por litro!). Casi siempre cargado, con una familia abordo, subiendo y bajando de marchas, en ripio, con tráfico y demás, a lo largo de la travesía arrojó un promedio de consumo de 8.7 litros cada 100 km.
No mostró fallas en frío, el motor del aire acondicionado no le hizo experimentar caídas en vueltas pronunciadas y el display de la temperatura ni se movió de las tres rayas. Cosas de Autos le hizo 4.380 km. al Chevrolet Agile, el cual al llegar a Buenos Aires entra en el service de los 10.000 km previstos por el fabricante. Veremos qué dice el servicio de posventa.
Sin dudas que uno de los mejores lugares donde probar un auto es San Martín de los Andes, rodeado de montañas y lagos cristalinos, con ripio, asfalto, tierra, arena y temperaturas oscilantes. Cinco días en esta ciudad me sirvieron para terminar de tomarle la mano al Chevrolet Agile, el cual se convirtió en una extensión de mi cuerpo y en un integrante más de la familia.
La síntesis de su desempeño estará en el post final de esta travesía, a modo de conclusión del test, pero en esta entrega quiero destacar su desempeño fuera de ruta.
El Agile es un auto alto, compacto pero a la vez voluminoso (más de uno me dijo: “Es como una camionetita”) y tiene un despeje importante, aspectos que quizás le hagan “perder” en la ruta pero que se valoran fuera de ella y a nivel habitabilidad.
Es acá donde recuerdo las palabras de su diseñador, Carlos Barba, quien en Mendoza nos dijo el año pasado, en relación a su coeficiente aerodinámico de cx 0,37. “Creo que este es el mejor número que pudimos alcanzar para las cualidades del auto: tamaño, despeje, presencia del frente y su interior, que es enorme para el segmento. Recuerdo que hicimos todos los ‘trucos’ posibles para la carrocería para la aerodinámica y creo que 0.37 es muy bueno”, señaló Barba.
Su despeje es tan importante (13 cm.) que a pesar de lo metí por caminos complicados como los que me llevaron a Hua Hum (44 km. de ripio), Lago Hermoso (34 km.) o Quila Quina (18 km. de ripio), o dentro de Villa Meliqiuna con caminos de tierra con huella bien marcada, nunca tocó el piso. Trepadas, vados y piedra (cuándo no) no hicieron mella y su suspensión (de largo recorrido) hizo más agradable nuestra estadía abordo.
Sabiendo que el Agile tendrá el año que viene una versión tipo SUV u off road (para competir con Sandero Stepway o Ford EcoSport) ya puedo imaginar que no será mucho en lo que deban trabajar los ingenieros de GM Brasil para conseguir un producto efectivo. Quizás cuando llegue ese momento el foco deba estar puesto en el motor, ya que tendrá que traccionar ruedas de mayor tamaño en terrenos difíciles y los 92 cv del 1.4 litros pueden ser pocos. Pero ese es otro asunto.
A este Agile, un auto concebido para la ciudad, la ruta no le cae mal, permite hacer viajes largos y animarse a caminos poco amigables. Las pruebas están a la vista.
Un paseo muy recomendable
A 40 km. de San Martín de los Andes, hacia el sur sobre la ruta 234, está el acceso a Villa Meliquina. Desde allí se deben recorrer unos 14 km. por camino de ripio hasta el “centro” de este poblado que tiene apenas unas 30 familias residentes durante todo el año. A metros del puente sobre el Lago Meliquina se encuentra la oficina de informes, casi en medio de la nada y al mismo tiempo, de todo.
La vista del Lago Meliquina desde el interior del Agile.
A pesar de que el día que lo visité el fuerte viento me impidió adentrarme en sus aguas, el lago me atrapó con su transparencia y sus playas de piedra. El camino (casi un sendero) permite prácticamente estacionar a tres metros de la orilla, lo que -a modo de consuelo- me sirvió para preparar el mate y contemplar el paisaje. Varias construcciones (en su mayoría cabañas de buen nivel) se están levantando en diferentes loteos, lo que indica el fuerte potencial turístico que tiene la zona.
Mi paseo de mediodía terminó en “El refugio de Villa Meliquina”, un lugar inclasificable donde se puede comer, tomar algo caliente o contratar una excursión de pesca; para lo que sea, pero hay que cruzar la puerta de este lugar, propiedad de un estadounidense hijo de argentinos que vino a radicarse en esta zona hace más de una década. En el refugio se mezclan una pecera con truchas alimentadas con tábanos por los visitantes, una batería, dos guitarras y un bajo listos para dar espectáculo y una mesa repleta de herramientas para hacer señuelos de pesca con mosca; decenas de trastos viejos decoran el interior de este bodegón patagónico de apenas seis mesas listas para recibir a los visitantes.
El frente de El refugio de Villa Meliquina, un lugar para pasarla bien.
Un par de jóvenes oriundos de San Martín de los Andes (instructores de snowboard, pescadores aficionados y músicos amateurs) comandan la cocina en la que se preparan unos pocos platos caseros a precios razonables. Por acá pasó Cosas de Autos y no podía menos que recomendarles hacer una visita, no se van a arrepentir.
Atrás quedaba Villa Pehuenia y por delante venía otro desafío de ripio: llegar a San Martín de los Andes. Con la exitosa experiencia del debut, encaré la ruta provincial 23 donde me encontré con un suelo diferente. El ripio estaba más suelto y la falta de lluvia más el viento complicaba la visibilidad por el polvo que se levantaba. Armado de paciencia, esta vez sin poder superar los 60 km/h, puse el aire acondicionado en la más baja temperatura, en la segunda velocidad y enchufé un pen drive cargado con mp3 de jazz. El sol pegaba fuerte y las piedras cada tanto hacían lo mismo, pero por suerte la tropa tenía buen humor porque estaba con la panza llena.
El cálculo de combustible para esta etapa indicaba que casi no necesitaba cargar, ya que mostraba unos 245 km. de autonomía y el tramo era de 208 km. a pesar de que el cálculo de tiempo estimado del trayecto señalaba 5 eternas horas.
De todos modos, al llegar a Aluminé me detuve con la intención de abastecerme pero la cola de autos me hizo cambiar de opinión; odio hacer cola para cualquier cosa y mucho menos al rayo del sol, así que confié en mi cálculo y partí.
Sin embargo, pasó algo que no estaba en los planes. Al llegar a Rahué, en el km. 147 del trayecto, desatendí a Mariela, la voz argentina del TomTom que me acompañó en el viaje. No fue casual sino adrede, porque el camino me invitaba a seguir y no a girar a la izquierda como ella me dijo y tomar un camino angosto que desembocaba en un puente de una sola mano que tenía pinta de ir para cualquier lado menos para donde iba yo.
La falta de señalización me hizo seguir mi lógica y así recorrí unos 10 km. en los que empecé a intuir que me había equivocado. Fue ahí donde mi mujer me instó a frenar y decidió preguntarle a un grupo de pescadores, quienes confirmaron que debía volver sobre mis huellas. En eso se fueron unos 20 kms. y el combustible correspondiente, claro. Pero a esta historia le faltaba aún lo peor: ripio en subida, cornisa, ripio en bajada, polvo y la imposibilidad de superar a una camioneta utilitaria durante media hora.
Viajar en la nube de tierra del otro es tremendo, por lo varias veces que decidí dejarla escapar pero minutos después volvía a repetirse la situación y yo temía que una piedra me rompiera el parabrisas. Finalmente pude superarla y luego de subir y subir, comencé a divisar el camino de descenso que me llevaría a Junín de los Andes. Mi vista por ese entonces iba y venía de la ruta hacia los instrumentos, viendo cómo el consumo se había elevado a 9 litros cada 100 km. (por andar en segunda y tercera marcha casi todo el tramo) y mi autonomía caía irremediablemente. Todo indicaba que llegaría con lo justo como para cargar en Junín pero digamos que fue demasiado justo: el Agile se quedó sin nafta a 800 metros de la Petrobras, hacia donde tuve que caminar con bidón en mano y el orgullo en el bolsillo. Minutos después, con tanque lleno, partí hacia nuestro destino final por la ruta nacional 234 que a pesar de ser de un asfalto común y corriente yo lo sentí como alfombrado.
Moraleja: no confiarse y llevar combustible de más por cualquier imponderable y hacerle caso a nuestra guía aunque el camino diga lo contrario (o no diga nada, como en este caso).
Finalmente llegamos a San Martín cuando el sol cayó y nos dirigimos a nuestra morada, la cual no quedaba en el centro sino (como les conté en el post dedicado a la seguridad) en el medio del bosque del cerro Chapelco, lo que implicaba pasar 18 km. la ciudad y subir un camino de cornisa (y ripio, claro) otros 8 km. de noche.
Esa noche soñé con el traqueteo del auto, con el bidón, con el utilitario blanco y con los caminos de cornisa. A la mañana, cuando pude ver el volcán Lanín desde la ventana, mi humor cambió rotundamente.
Más de uno me preguntó o me instó a que le dedicara un párrafo a la seguridad del Chevrolet Agile, dejando un poco de lado lo que tiene que ver con la travesía y el manejo diario en función del confort. Pues bien, esta versión que me toca testear, la LTZ, es la más completa en todo sentido, incluyendo la seguridad.
Afortunadamente no tuve que probar los airbags frontales de serie, pero sí vengo castigando duro a los frenos con ABS, los cuales vienen desempeñándose realmente muy bien. Creanme que nececito confiar en ellos cuando viajo con la familia y subo y bajo la montaña un par de veces al día por caminos de ripio y de cornisa, regresando casi siempre entrada la noche. En San Martín de los Andes estamos parando en unas cabañas en el barrio Las Pendientes, en pleno Cerro Chapelco, un lugar espectacular pero que me pone a prueba desde que pongo el auto en marcha (por algo se llama Las Pendientes).
Laderas empinadas, caminos angostos con mucha piedra, muy oscuros de noche en los que más de una vez tuve que frenar o volantear para no atropellar a las liebres que se cruzan. Realmente un paseo muy divertido para hacer pero que lo obliga a uno a estar atento y bien despierto.
Volviendo al equipamiento de seguridad resalto que el Agile tenga traba de puertas automática con sensor de velocidad, que se activa una vez que el auto superó los 20 km/h y que se desastraban al sacar la llave de contacto. También destaco como positivo de esta versión los antinieblas delanteros y traseros y el encendido automático de luces (que se puede desactivar si uno lo desea) mediante sensor de crepuscular.
Como negativo debo mencionar que no cuenta con apoyacabezas basculantes delanteros, que no tiene tercer apoyacabeza central, que el cinturón central trasero es de cintura y no de tres puntos, y que no hay alarma de ningún tipo (ni sonora ni luminosa) que recuerde colocarse el cinturón de seguridad, algo esencial en un auto equipado con airbags frontales. Esto último sorprende aún más cuando el Agile sí tiene alarmas sonoras que le hacen saber a uno que dejó las luces encendidas o las llaves puestas, así como también incorpora una luz testigo en el panel de instrumentos que avisa si una puerta o el baúl quedaron abiertos (a pesar de que no indica de cuál se trata).