Por estas horas, en el gobierno nacional se está estudiando prorrogar y aumentar el denominado “impuesto al lujo” para los automóviles importados, que vence el 31 de este mes. Actualmente, el tributo que pagan las fábricas es de un 10% del valor para los vehículos con motor naftero y de un 15% para los diesel para los modelos que superan los $212.000 sin IVA y sin el costo de los concesionarios; sin embargo, el nuevo proyecto reduciría ese piso al valor del modelo más caro fabricado en el país, es decir, el del Peugeot 408, cuya versión más cara se comercializa a $156.600 sin IVA.
Según consigna el diario Cronista en su edición de hoy, la excusa oficial para modificar el impuesto interno sería “proteger y darle competitividad a los modelos de las fábricas locales frente a los que llegan del exterior ya que el cambio golpea a los autos de alta gama importados”. Al mismo tiempo también implica ampliar la base imponible a una cantidad de modelos exentos hasta fin de año.
“Con el cambio se suman más autos que pagarán el impuesto, por lo que vemos que nuevamente el gobierno sale a cazar en el zoológico con el sector automotriz”, se quejó un hombre del sector en declaraciones al mencionado diario económico, ya que como el impuesto está prorrogado desde finales de los ’90, su caída implicaría que todas las unidades que se comercializan en la Argentina deberían pagar el 10% o el 15% de impuesto.
“Las fábricas e importadores están negociando porque son ellos quienes los tienen que pagar pero, obviamente, va a ser trasladable 100% al precio final que va a pagar el consumidor”, explicó un concesionario. Los únicos vehículos que quedarían exentos de este impuesto son los utilitarios y las pick-up que, aunque pueden tener precios mayores al del posible piso, puede argumentarse que su uso está relacionado al trabajo.





