Otra muerte en el TC: cuando el show no debe continuar

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A pesar de estar acostumbrado a ver carreras, las imágenes de este domingo me sorprendieron. Las llamas abrazando no uno sino dos autos de Turismo Carretera llamaban la atención, hacía mucho tiempo que algo así no sucedía. Pero lo peor, por suerte (si cabe el término en este caso), no pasó por el fuego sino por la magnitud del impacto. Otra vez, como en Rafaela 2006 (cuando le costó la vida instantáneamente a Gabriel Miller copiloto de Alberto Moya, quien murió días después), el golpe fue fortísimo. Uno a uno, pilotos y acompañantes fueron descendiendo de sus autos, pero en el Chevrolet número 47 (en el cual el fuego se empecinaba en no ceder) los auxiliares gesticulaban de manera ampulosa marcando la gravedad del estado del piloto Guillermo Castellanos. Acertadamente, de inmediato se mostró la bandera roja para facilitar el trabajo de bomberos y paramédicos; como era imposible sacar a Castellanos por la puerta o el parabrisas, rápidamente se cortó el techo de la Chevy.
Pero mientras la ambulancia partía rauda hacia el Hospital Regional de Comodoro Rivadavia para atenderlo, las autoridades de la prueba decidían relargar la competencia con el ordenamiento hasta la detención (vuelta 6). ¿Por qué? ¿Hacía falta? Si los periodistas apostados en el lugar del accidente y los propios involucrados en el choque ya intuían la gravedad de las heridas de Castellanos.
Cuando los autos se pusieron nuevamente en marcha me vino a la mente el recuerdo del Gran Premio de San Marino de 1994. En aquella oportunidad los médicos de FIA sabían que el accidente de Ayrton Senna era gravísimo, mortal como terminó siendo, pero sin embargo el show debía continuar y mientras el brasileño exhalaba por última vez, sus colegas corrían como si nada, engañados por equipos y autoridades de la competencia.
Alguna vez los propios pilotos deberían tener la chance de tomar la determinación, como lo hicieron acertadamente en la previa de la final de Rafaela, donde sin embargo debieron discutir con parte del público que exigía la devolución del dinero de las entradas.
Lo que pasa es que vivimos en una sociedad con los valores cambiados, en un país donde no se valora la vida, tan simple como eso. Entonces cuesta tomar conciencia de lo que realmente es importante y se compara lo más preciado con una entrada, un segundo de pauta en televisión, un punto de rating o una simple carrera de autos. Una carrera que en el preciso momento en que se conoció la noticia de la muerte de Castellanos (casualmente cuando terminaba la transmisión de TV, cuando los títulos anunciaban el final) pasó a ser anecdótica.

Sobre el Autor

Periodista desde 1994 y amante de los autos de toda la vida. En 2006 le di forma a este blog. ¿Más datos? Clic en la casita ->

9 comentarios

  1. Sergio, coincido totalmente con vos. Lo que me parece muy lamentable es que hubo “un pacto de silencio” y se pasó de la prudencia en las declaraciones a la indiferencia. Nadie desde la transmisión oficial, ni los médicos, ni las autoridades de la prueba manifestaron que tan grave era el estado de Castellanos y nos “entretuvieron” con la quebradura de Pedro Dandler. Es más, quedó en evidencia que la situación era realmente grave, porque no se emitió ninguna imagen del momento en que lo rescataban (si de los momentos previos). Claro que todos fueron muy prudentes sabiendo de la gravedad del tema, y hasta me pareció bien que así lo hicieran a diferencia de otras veces que se meten con las cámaras adentro del auto accidentado. Pero de ser prudentes a pasar a ser indiferentes para poder relargar la final como si nada, es realmente vergonzoso. Y la noticia dada sobre el final de la carrera y mientras pasaban los “créditos” de la transmisión, era -lamentablemente- demasiado predecible.

  2. De más está decir que coincido con vos.
    Pero no debería extrañar a nadie que Aventín siga poniendo el negocio y su ego por encima de todo.
    En los últimos días habló hasta el cansancio de la “necesidad” que Pechito López corra un par de carreras en el TC Pista para “adaptarse” a los autos de TC que, según Aventín, son únicos en el mundo…
    Si ser únicos es seguir cargándose vidas ante la ceguera de pilotos y dirigentes que encima hacen disputar una competencia con un piloto que llegó muerto al hospital… preferiría ser uno del montón.
    Pechito, no te subas a un TC. Tu vida (y la de cualquier ser humano), vale mucho más que un ego enorme y un montón de fierros.

  3. Nicolás el

    Comparto al 100% tu pensamiento, y me alegra saber que no somos los unicos que creemos que las cosas estan mal, y lamentablemente; por los intereses de unas pocas personas, van a seguir estando asi. Se prioriza un negocio por sobre la importancia (y el respeto) a la vida, lo cual es completamente una locura.

  4. Gente, esto no tiene solución.
    Si un tipo de la trayectoria de Urretavizcaya, con 300 carreras en el TC y con cargo en la ACTC, responde casi al título de mi post con la frase “el show debe continuar”, está todo dicho. “Es mucho el negocio que hay atrás de todo esto: la inversión de los clubes y de las provincias”, agregó sin empacho en diáologo con Clarín, priorizando el dinero por sobre la vida.

    Yo me pregunto y le pregunto a Urreta: ¿Y si en lugar de Castellanos hubiese sido Tito Bessone, que zafó de casualidad en el mismo choque? Estoy convencido de que si era Bessone, o uno de los Di Palma, u Ortelli o el Gurí Martínez, la carrera se paraba. Pero claro, era casi un desconocido, era Castellanos.

    Después, ante la realidad que la carrera se relargaba aparecen reacciones como las de Matías Rossi (quien a la postre fue el ganador), quien confesó que le pidió a su equipo que no le infomara nada del accidente.
    En cambio, Marcos Di Palma dijo que de haber sabido de la muerte de Castellanos no hubiese corrido. Pero claro, volvemos al punto de partida, si no hay información oficial no se puede tomar ninguna decisión.

    Por último un dato clave: el Dr. Rodolfo Balinotti, médico de la ACTC (el cual me merece el mayor de los respetos), declaró ante el micrófono de Fox Sports que cuando llegó a atender a Castellanos no estaba muerto pero que estaba “muy grave, agonizaba”. Dato clave: si agonizaba, él podía haber informado de esto a las autoridades para que los pilotos y equipos decidieran qué hacer.
    Pero insisto, me da la sensación de que esto no tiene solución y seguirá siendo así.

    Ah! y menos mal para Aventín que el que se murió fue un piloto y no un acompañate porque su decisión demorada de bajarlos recién en 2008 le hubiese costado muy caro.

  5. Coincido 100% con udstedes, no puede ni debe seguir el show con un acidente tal, pasa que para mucha gente la guita esta por sobre la vida de las personas

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  7. Me parece Sergio, que al final de tu comentario, vos mismo realizás una síntesis de este suceso: estamos en un pais en que la vida no tiene valor (cada vez menos oviamente). Esta misma deducción se traslada perfectamente al descontrol que se vive en las rutas/calles argentinas.
    Ni hablar si a esto le sumamos los intereses comerciales correspondientes.

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  9. Lamentable por lo que le sucedió, pero la vida continua, no veo motivos para parar. Mirá si tenemos que ponernos de duelo por cada muerte que acontezca. No lo considero para nada una falta de respeto

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